Compasión



 


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Lista de Ilustraciones sobre la Compasión:

  1. EL NIÑO Y SU PERRITO

  2. "YO PUEDO HACER MÁS QUE ESO"

  3. ROBANDO UNA BARRA DE PAN

  4. el otro lado del río

  5. LA CONVERSIÓN DE SAMUEL MOODY

  6. EL DÍA EN QUE FINALMENTE LLORÉ

 

EL NIÑO Y SU PERRITO

El dueño de una tienda estuvo clavando un anuncio al frente de su lugar de comercio que dijo “Se Vende Perritos” cuando de repente un niño apareció y le preguntó, “¿Cuánto cuesta comprar uno de estos perritos?”

El dueño contestó, “Dependiendo al perro, cuesta de $300 a $500 pesos cada uno.”

El niño puso su manito en su bolsillo y sacó algunas moneditas y dijo, “Solo tengo veinte siete pesos con cincuenta centavos.  ¿Me dejarás por lo menos ver y tocar con uno de los perritos?”

El dueño rió y dijo, “Por supuesto”, abrió la jaula y sacó uno de los perritos más hermosos.

El niño observó que uno de los perritos estaba escondiéndose en el rincón de la jaula y que andaba como que si era cojo.  El niño preguntó, “Y qué anda mal con este perrito, Señor?”

El dueño explicó que tenía algo mal con su cadera y que siempre será cojo.

El niño empezó a animarse bastante y dijo, “Ese es el perrito que deseo comprar.”

El dueño dijo, “No, hijo mío, tu no quieres comprar ese perrito.  Si lo quieres, simplemente te lo regalo.”

El niño apunto su dedo al dueño y dijo, “No señor.  No quiero que me regalas este perrito.  Ese perrito tiene el mismito valor que cualquiera de los otros perritos.  Y yo estoy dispuesto a pagar el precio completo.  Si está bien contigo, te entregaré todo lo que tengo, los veintisiete pesos con cincuenta centavos y te prometo pagar cincuenta centavos cada mes hasta pagar por el perrito por completo.”

El dueño siguió insistiendo que no debería de comparar ese perrito.  “Es que no entiendes, niño.  Este perrito nunca jamás podrá brincar y correr contigo como los demás perritos deben.”

Para su gran sorpresa el niño levanto uno de sus pantalones y le mostró el soporte de metal que reforzaba su pierna destrozada por el polio.  “Pues yo tampoco brinco y corro bien”, dijo el niño con voz muy suave, “y este perrito necesitará a alguien que le entiende bien”.  Por Nick Reyneke

 

"YO PUEDO HACER MÁS QUE ESO"

La madre, de 26 años de edad, se paró al  lado de la cama de su hijito de 6 años, que estaba muriendo de leucemia. Aunque su corazón estaba lleno de tristeza y angustia, ella también tenía un fuerte sentimiento de determinación. Como cualquier otra madre, ella quería que su hijo creciera y realizara sus sueños. Ahora, eso no sería más posible, por causa de la leucemia terminal. Pero, aún así, ella todavía quería que el sueño de su hijo se transformara en realidad. Ella tomó la mano de su hijo y le preguntó: "Billy, ¿alguna vez ya pensaste en lo que te gustaría ser cuando crezcas? ¿Ya soñaste lo que te gustaría hacer con tu vida?" 

"Mamá, siempre quise ser un bombero".La madre sonrió y dijo:  "Vamos a ver si podemos transformar ese sueño en realidad".

Más tarde, ese mismo día, ella fue al cuerpo de bomberos local, en la ciudad de Phoenix, Arizona, donde se encontró con un bombero de gran corazón, llamado Bob. Ella explicó la situación de su hijo, su último deseo y, le preguntó si sería posible dar una vuelta en el camión de bomberos con su hijito de seis años, alrededor de la manzana.

El bombero Bob dijo: "Mire, ¡NOSOTROS PODEMOS HACER MÁS QUE ESO! Si tienes tu hijo listo, a las siete horas de la mañana, el próximo miércoles, nosotros lo haremos un bombero honorario por todo el día. ¡Él podrá venir al cuartel, comer con nosotros, salir para atender las llamadas de incendio! Y si nos das sus medidas, nosotros le conseguiremos un uniforme de verdad, con sombrero, con el emblema de nuestro batallón, un saco amarillo igual al que vestimos y también botas. Ellos son todos confeccionados aquí mismo en la ciudad y seguiremos rápidamente".

Tres días después, el bombero Bob buscó al niño, lo vistió en su uniforme de bombero y lo escoltó desde la cama del hospital hasta el camión de bomberos. Billy se sentó en la parte de atrás del camión, y lo llevaron hasta el cuartel central. El estaba en el cielo. Ocurrieron tres llamadas aquel día, en la ciudad de Phoenix, y Billy acompañó a todos. En cada llamada, el fue en vehículos diferentes: en el camión tanque, en la van de los paramédicos y hasta en el auto especial del jefe del cuerpo de bomberos. El también fue filmado por el programa de televisión local. Tuvo su sueño realizado.  Todo el amor y atención que le dieron lo tocó tan profundamente, que Billy vivió tres meses más de lo que todos los médicos habían previsto.

Una noche, todas sus funciones vitales empezaron a caer dramáticamente y la enfermera-jefe, que creía en el concepto de que nadie debería morir solo, empezó a llamar al hospital a toda la familia. Entonces, ella recordó el día que Billy había pasado como un bombero, y llamó al jefe, preguntando si sería posible enviar algún bombero al hospital, en ese momento difícil, para quedarse con el niño. El jefe de los bomberos contestó: "¡NOSOTROS PODEMOS HACER MÁS QUE ESO! Nosotros estaremos ahí en cinco minutos. Y hágame un favor. Cuando escuche las sirenas y vea las luces de nuestros autos, avise al sistema de seguridad que no se trata de un incendio. Solamente es el cuerpo de bomberos que viene a visitar, una vez más, a uno de sus más distintos integrantes. ¿Y podrías abrir la ventana de su habitación? ¡Gracias!"

Cinco minutos después, una van y un camión con escalera Magirus llegaron al hospital, extendieron la escalera hasta el piso donde estaba el niño y 16 bomberos subieron hasta su cuarto. Con el permiso de la madre, ellos lo abrazaron, lo tomaron en los brazos y dijeron lo mucho que ellos lo amaban.

Con un suspiro final, Billy miró al jefe y preguntó: "Jefe, ¿yo realmente soy un bombero?"

"Billy, ¡eres uno de los mejores!", dijo el jefe. Con estas palabras, Billy sonrió y cerró sus ojos por última vez.

(Esta historia es verídica.)  Walter Sandoval

ROBANDO UNA BARRA DE PAN

Una noche bien fría, en la ciudad de Oklahoma en los E.E. U.U., llevaron a una hombre temblando ante el juez por haber robado una barra de pan. El hombre explicó que su familia estaba muriendo de hambre y necesitaba esa barra. No tenía trabajo. Sin esperanza alguna y todo en su contra, el hombre en desesperación, agarró la barra de pan y la escondió debajo de su chaqueta.

Atrapado ahora en su crimen en contra de la sociedad, estaba parado delante del juez quien declaró, "Es necesario que te castigo. No podremos tener excepciones cuando se trata de la ley. Así que tu castigo será una multa de diez dólares."

Mientras que el juez estaba mirando al hombre desesperado y temblando, puso su mano en su bolsillo en su pantalón debajo de su toga y sacó un billete nuevecito de diez dólares y dijo, "Aquí está tus diez dólares para pagar tu multa. Entrégalo inmediatamente al alguacil."

"A propósito", continuó el juez, "voy a multar a cada persona en esta sala de juicio cincuenta centavos por el simple hecho de vivir en una ciudad donde un hombre tiene que robar una barra de pan para que su familia pueda sobrevivir."

Con esas palabras el alguacil tomó su sombrero y empezó a pasarla y colectar cincuenta centavos de cada persona en la sala. Luego volteó hacia el ladrón, le entregó $47.50 dólares y con el dinero en la mano, salió de la sala de juicio el hombre más contento del mundo. - Autor desconocido

 

el otro lado del río

Un pastor que había perdido un hijo pidió a otro pastor que fuese a predicar en su Iglesia. El hombre, cuando fue, contó cómo vivía al lado de un río y sentía poco interés por la gente que vivía en la otra orilla, hasta que se le casó una hija, que fue a vivir en el otro lado.

Desde entonces, todas las mañanas el pastor iba a su ventana, miraba hacia el pueblo que estaba en la otra orilla, y sentía gran interés por toda la gente que vivía allí.

Refiriéndose al colega que había perdido un hijo, dijo: "Creo que como el niño ha cruzado el río, el padre ha de tener más amor al cielo que nunca antes." - Por D. L. Moody

 

LA CONVERSIÓN DE SAMUEL MOODY

Creo que nunca he amado a ningún hombre más que a mi hermano Samuel. Lo amaba mucho, tal vez porque era enfermo, y ¡oh! ¡cómo deseaba llevarlo a Cristo!

Al terminar una predicación una noche, pedí a los que desearan tomar la cruz y seguir a Cristo que se pusieran de pie. Me llenó de alegría ver que se puso de pie mi hermano. Parecía ser la noche más feliz de mi vida. Después, mi hermano y yo trabajamos juntos un tiempo, y en el verano salíamos a caminar y a conversar acerca de nuestro viejo hogar.

Después de un año, fui a Chicago, en donde el debía encontrarse conmigo más tarde. Pero me llegó un telegrama que decía, "Samuel falleció."

Viajé mil quinientos kilómetros para asistir a su sepelio, y lo que me dio más consuelo fue el versículo: "Y le resucitaré en el día postrero."

Y cuando vi el rostro de mi hermano, me vinieron las palabras del Señor: "Resucitará tu hermano." - Por D. L. Moody

 

EL DÍA EN QUE FINALMENTE LLORÉ

Yo no lloré cuando me di cuenta de que era la madre de una niña mentalmente impedida. Simplemente me senté quieto y no dije nada mientras informaron a mi esposo y yo que nuestra Kristi de dos años era – como habíamos sospechado –retardada.

"Vaya", nos aconsejó amablemente el doctor, "puedes llorar si quieres. El llorar ayuda prevenir serias dificultades emocionales."

A pesar de esas serias dificultades, no pude llorar ese entonces ni durante los meses que seguía. Cuando Kristi llegó a la edad para poder asistir la escuela, la pusimos en un kinder de nuestra vecindad. Tenía siete años de edad.

Pudiera haber sido confortante el llorar ese día que la dejé en ese cuarto lleno de niños de cinco años de edad, todos alertos, animados y llenos de seguridad. Hasta este momento de su vida Kristi había gastado horas tras horas jugando a solas, pero en este momento, ella fue la niña "diferente" entre veinte y probablemente era el momento más solitario que jamás había experimentado.

Sin embargo, cosas positivas empezaron a suceder a Kristi en su escuela y en las vidas de sus compañeros de clase. Mientras se gozaron y jactaron de sus propios logros, los compañeros de Kristi siempre se angustiaron por estar seguro que Kristi recibiera halagos también como: "Kristi también logró deletrear todas sus palabras hoy!" Nadie se preocupó agregar que la lista de palabras que tenía Kristi era más sencilla que la de los demás.

Durante el segundo año de escuela de Kristi, se enfrentó con una experiencia traumática. El evento sería grande y ante todo el público y basada en una culminación de las actividades musicales y de educación física de todo el año. Kristi estaba muy atrasada en su coordinación física, igual como la de música. Igual como con Kristi, mi esposo y yo temíamos horriblemente la llegada de ese día.

El día de este evento, pretendío Kristi estar enferma. Yo quería desesperadamente mantenerla en casa. ¿Por qué dejar a Kristi ser reprobada en un gimnasio lleno de padres, estudiantes y maestros? Que solución más sencillo el simplemente dejar que mi niña se quedara en casa. Seguramente no sería la gran cosa perder un solo programa. Pero mi conciencia no me dejaba en paz. Así que casi empujé a una pálida y poca dispuesta Kristi en el camión de la escuela y empecé yo misma a enfermarme.

Así como tenía que forzar a mi hija ir a la escuela, ahora tenía que forzarme a mí misma ir al programa. Parecía que nunca iba a llegar el tiempo para la participación del grupo de Kristi. Cuando al final llegó el momento, entendí perfectamente bien el por qué Kristi andaba tan preocupada. Habían dividido su clase en equipos de relevo. Con sus reacciones lentas, débiles y torpes, era seguro que ella iba a atrasar o aplazar su equipo.

Sorprendentemente, todo iba bien, hasta el momento para la carrera de los costales. En esta carrera, cada niño tenía que entrar en el costal desde una posición parada, saltar hacia la meta y luego salirse del costal.

Estaba mirando a Kristi parada casi al final de su fila con una mirada temerosa. Pero al llegar al turno de Kristi, el equipo inmediatamente hicieron un cambio. El niño más alto se colocó en una posición atrás de Kristi y puso sus manos alrededor de su cintura. Dos otros muchachitos se pusieron un poco delante de ella. En el momento que el penúltimo compañero de clase salió del costal, los dos muchachitos agarraron el costal y lo detuvieron abierto mientras que el muchacho alto alzó a Kristi y con mucho cuidado, la bajó dentro del costal. Una muchachita agarró la mano de Kristi y la sostuvo hasta que Kristi pudo balancearse.

De ahí en adelante empezó Kristi a saltar con la sonrisa más grande del mundo y bien orgullosa de si misma.

Mientras que todas las maestras, padres y compañeros de escuela estaban gritando y animando a mi Kristi, yo busqué un lugar solitario y empecé a agradecer a Dios por gente en la vida tan amable, cariñosa y lleno de entendimiento que querían hacer posible que mi hija retardada pudiera sentirse como cualquier otro ser humano.

Fue entonces cuando al fin lloré. - Por Meg Hill