Santidad

 
 

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Lista de ilustraciones sobre la Santidad:

  1. EXAMEN PROPIO PARA SER SANTO

  2. CUESTIÓN DE ALTURA

 

EXAMEN PROPIO PARA SER SANTO

Juan Wesley dijo que Juan Fletcher era el hombre más santo que había conocido en Europa y en América; y que lo era porque diariamente se examinaba para saber si su proceder estaba de acuerdo  con los planes de Dios, para lo cual se hacía las siguientes preguntas:

  1. ¿Desperté espiritualmente y tuve cuidado de guardar mi mente de pensamientos errantes, cuando me levanté esta mañana?
  2. ¿Me he acercado a Dios en oración o he dado lugar a la pereza y a la desidia espiritual?
  3. ¿Se ha debilitado mi fe por no haber velado, o ha sido avivada por haberla puesto en actividad hoy?
  4. ¿He andado hoy por fe, y he procurado ver a Dios en todas las cosas?
  5. ¿Me he negado a mí mismo al usar palabras y al expresar pensamientos poco bondadosos? ¿Me he debilitado espiritualmente al ver que prefieren a otros en mi lugar?
  6. ¿He aprovechado mi tiempo precioso, mis fuerzas y mis oportunidades según la luz que Dios me ha dado?
  7. ¿He guardado mi corazón en un ambiente de gracia, de modo que haya sacado provecho?
  8. ¿Qué he hecho hoy por los cuerpos y por las almas de los santos?
  9. ¿He derrochado cualquier cosa por agradarme a mí mismo, cuando podía hacer guardado el dinero para la casa de Dios?
  10. ¿He gobernado bien mi lengua, recordando que en la multitud de palabras no falta pecado?
  11. ¿En cuántas ocasiones me he negado a mí mismo hoy?
  12. ¿Mi vida y mis palabras han honrado el evangelio de Cristo?

 

CUESTIÓN DE ALTURA

En alguna parte oí la siguiente charla entre un eminente cristiano y uno de esos jóvenes indecisos y preguntones que abundan por estos rumbos.

--Dígame, pastor, --preguntó el joven-- ¿es malo el cigarrillo?.

--¿Es usted creyente?

--Yo sí; pero todavía fumo cigarrillo.

--Oiga esta historia –respondió el pastor--: En la Segunda Guerra Mundial, un aviador salió de su base a fin de atacar en determinado sitio.  Ya lejos de la tierra, notó que una rata roía las cuerdas del paracaídas.  El aviador en vez de volver a tierra, conocedor como era de la poca resistencia de las ratas a las alturas, elevó su  aparato, hasta que la rata murió a consecuencia de la elevación.  Así para con  nosotros, amigo mío.  Si las ratas del vacío están cortando los hilos de nuestra comunión con Dios, esto implica que volamos bajo, muy bajo, tan bajo que el ambiente es propicio para las actividades del vacío.  Pero si volamos a considerable altura, como cosa muy natural, las ratas de los vicios dejarán de perjudicarnos porque  estallarán a causa de la altura.

Amigo lector, si usted todavía es víctima del vicio, elévese, elévese, hasta que sus vicios pierdan todo su poder.