significado de las palabras biblicas en hebreo

 

Significados de las palabras biblicas en hebreos

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Hebreo Bíblico

Ídolo

terapéÆm (µypir;T]), «ídolo; ídolo doméstico; máscara cúltica; símbolo divino». Este vocablo se ha prestado a la lengua hitita-hurrita (tarpish) que en semítico occidental adquiere la forma básica de tarpi. Su significado fundamental es «espíritu» o «demonio». El término figura en hebreo bíblico 15 veces.

TerapéÆm aparece primero en Gn 31.19: «Pero Labán había ido a trasquilar sus ovejas; y Raquel hurtó los ídolos [domésticos] de su padre». Las leyes hurritas de este período consideraban que los «ídolos domésticos» eran bienes sujetos a las leyes de herencia. De ahí la gran importancia que tenían en todo sentido para Labán los terapéÆm (quizás este sea un plural de majestad como ocurre con elohéÆm, cuando se usa para dioses falsos; cf. 1 R 11.5, 33).

En 1 S 19.13 leemos que «Mical tomó un ídolo doméstico y lo puso sobre la cama, acomodándole a la cabecera una almohada de cuero de cabra y cubriéndolo con la ropa». De 1 S 19.11 se deduce que los terapéÆm se encontraban en las habitaciones privadas de David lo cual crea dificultades de interpretación; ¿serían «ídolos domésticos» o, como algunos sugieren, se refiere el término a una máscara que se usaba en el culto a Dios?

Cualquiera de las suposiciones anteriores se ajusta al incidente con Micaías que se narra en Jue 17–18. Obsérvese Jue 17.5: «Micaías, tenía un santuario. Mandó hacer un efod e ídolos domésticos [terapéÆm], e invistió a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote» (rva). En Jue 18.14, parece haber distinción entre los terapéÆm y los ídolos: «¿Sabéis que en estas casas hay un efod, ídolos domésticos y una imagen tallada y de fundición?» (rva). Los versículos siguientes parecen indicar que las imágenes talladas y de fundición eran el mismo objeto. Jueces 18.17 usa los cuatro términos cuando describe lo que hurtaron los danitas; Jue 18.20 omite la frase «imagen de fundición» de la lista; y Jue 18.31 informa que solo se instaló la imagen de talla. Sabemos que el efod era una vestimenta sacerdotal especial. ¿Sería, entonces, el terapéÆm una «máscara cúltica» o algún otro símbolo de la presencia divina?

Por tanto, terapéÆm puede significar un «ídolo», una «máscara cúltica» o tal vez algún símbolo de la presencia divina. De todas maneras el objeto se asoció con el culto pagano y quizás con el culto a Dios.

<eléÆl (lyliaÔ), «ídolo; dioses; nada; vano». Los 20 casos de este nombre se encuentran principalmente en el código legal de Israel y en los escritos proféticos (sobre todo en Isaías). Existen cognados del vocablo en acádico, siríaco y arábigo.

Este término peyorativo quiere decir «ídolo» o «dios falso». Aparece primero <eléÆl en Lv 19.4: «No recurráis a los ídolos, ni os hagáis dioses de fundición». En Lv 26.1 se prohíbe que Israel fabrique <eléÆléÆm: «No os haréis ídolos» (rva). Hay una ironía mordaz en la similitud entre <eléÆléÆm y el término usual para Dios (<elohéÆm; cf. Sal 96.5): «Todos los dioses [<elohéÆm] de los pueblos son ídolos [<eléÆléÆm], pero Jehová hizo los cielos» (1 Cr 16.26 rva).

Segundo, este vocablo puede significar «nada» o «vano». El pasaje anterior podría traducirse: «Porque todos los dioses de los pueblos son nada» (rv). Este es el matiz que claramente se percibe en Job 13.4: «Ciertamente vosotros sois fraguadores de mentira; sois todos vosotros médicos nulos». Jeremías anunció a Israel que sus profetas «profetizan visión mentirosa, adivinación vana» (Jer 14.14 rva).

gilluÆléÆm (µyliWLGI), «ídolos». De los 48 casos de este vocablo solamente 9 no están en Ezequiel. Este término para «ídolos» es desdeñoso y originalmente puede haber significado «bolitas de estiércol»: «Destruiré vuestros lugares altos, derribaré vuestros altares donde ofrecéis incienso, amontonaré vuestros cuerpos inertes sobre los cuerpos inertes de vuestros ídolos, y mi alma os abominará» (Lv 26.30 rva).

Este término y otros que significan «ídolo» demuestran el horror y el desprecio que los escritores bíblicos sentían por ellos. En pasajes como Is 66.3 el término para «ídolo», <awen, significa «extraño, misterioso o maldad». En Jer 50.38 encontramos el vocablo <eméÆm, que significa «susto u horror». El término <eléÆl significa «ídolo» en Lv 19.4 y expresa «nulidad o debilidad». En 1 R 15.13 se usa el vocablo hebreo mipletset, que quiere decir «cosa horrible, causa de temblor». Una raíz que significa hacer o formar una imagen, <tsb (homónima de la raíz que significa «tristeza y dolor»), se usa en varios pasajes (cf. 1 S 31.9).

 

Inclinarse, Arrodillarse

kara> ([r'K;), «inclinarse, agacharse, arrodillarse, encorvarse». Este término está tanto en hebreo moderno como ugarítico. En el Antiguo Testamento hebreo aparece alrededor de 35 veces. Kara> se encuentra por primera vez en la bendición de Jacob sobre su lecho de muerte dirigida a Judá: «Se encorvó, se echó como león» (Gn 49.9 rvr; «se agazapa» lba; «se agacha» rva).

La implicación de kara> parece ser doblar las piernas o rodillas, puesto que un nombre que quiere decir «pierna» se deriva del mismo vocablo. Una de las pruebas eliminatorias para el ejército de Gedeón fue «agacharse» para beber (Jue 7.5–6). «Arrodillarse» era un gesto común en la adoración a Dios (1 R 8.54; Esd 9.5; Is 45.23; cf. Flp 2.10).

El rey de Persia ordenó que todos se «inclinasen» ante Hamán (Est 3.2–5 lba; «arrodillarse» rvr, rva, nrv). «Encorvarse» o «inclinarse» sobre una mujer era un eufemismo para relaciones sexuales (Job 31.10). Idiomáticamente, una mujer que estaba en proceso de dar a luz «se encorvaba» o «arrodillaba» (1 S 4.19). Las «rodillas que se doblaban» era por enfermedad o vejez (Job 4.4).

 

Iniquidad

 Verbo

>awa (hw:[;), «hacer iniquidad». Este verbo se encuentra en la Biblia 17 veces. En arábigo tiene el significado de «doblar» o «desviarse del camino». >Awah se usa a menudo como sinónimo de jata, «pecar», como en Sal 106.6: «Hemos pecado [jata] como nuestros padres; hemos hecho iniquidad [>awah]; hemos actuado impíamente [rasha>]» (rva).

 Nombre

>awon (÷/['), «iniquidad; culpa; castigo». Este nombre, que se encuentra 231 veces en el Antiguo Testamento, se limita al hebreo y arameo bíblico. Los libros proféticos y poéticos usan >awon con frecuencia. En todo el Pentateuco hay unos 50 casos del vocablo. Además, el uso en los libros históricos es infrecuente. La primera enunciación de >awon proviene de los labios de Caín, con la connotación especial de «castigo»: «Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado» (Gn 4.13).

El significado básico de >awon es «iniquidad». El término indica una ofensa, intencional o no, en contra de la Ley de Dios. Posee el mismo significado veterotestamentario fundamental con jatta<t, «pecado», por lo que los vocablos jatta<t y >awon son virtualmente sinónimos: «He aquí que esto [el carbón encendido] ha tocado tus labios [los de Isaías]; tu culpa [>awon] ha sido quitada, y tu pecado [jatta<t] ha sido perdonado (Is 6.7 rva).

La «iniquidad» merece castigo porque es una ofensa a la santidad de Dios. Se advierte que Dios castiga nuestras transgresiones: «Cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera» (Jer 31.30). Hay además un sentido colectivo en que el uno es responsable por los muchos: «No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen» (Éx 20.5 rva). Ninguna generación, no obstante, debe considerarse bajo el juicio de Dios por la «iniquidad» de otra generación: «Y si preguntáis: ¿Por qué es que el hijo no cargará con el pecado de su padre? Es porque el hijo practicó el derecho y la justicia, guardó todos mis estatutos y los puso por obra; por eso vivirá. El alma que peca, esa morirá. El hijo no cargará con el pecado del padre, ni el padre cargará con el pecado del hijo. La justicia del justo será sobre él, y la injusticia del impío será sobre él» (Ez 18.19–20 rva).

Israel fue llevada al cautiverio por los pecados de los padres y los suyos: «Las naciones sabrán también que la casa de Israel fue llevada cautiva por causa de su pecado. Porque se rebelaron contra mí, yo escondí de ellos mi rostro y los entregué en mano de sus enemigos; y todos ellos cayeron a espada» (Ez 39.23 rva).

A pesar de la seriedad con que Dios trata la «iniquidad» dentro de la relación del pacto entre Él y su pueblo, se le recuerda al pueblo que Él es el Dios viviente y que está dispuesto a perdonar la «iniquidad»: «¡Jehová, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y grande en misericordia y verdad, que conserva su misericordia por mil generaciones, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado; pero que de ninguna manera dará por inocente al culpable; que castiga la maldad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación!» (Éx 34.67 rva). Dios requiere confesión de pecado: «Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis rebeliones a Jehová y tú perdonaste la maldad de mi pecado» (Sal 32.5 rva); Él también espera una actitud de confianza y fe cuando le pedimos con humildad: «Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado» (Sal 51.2).

En Is 53 aprendemos que Dios colocó sobre Jesucristo nuestras «iniquidades» (v. 6), para que Él, herido por nuestras «iniquidades» (v. 5), justificara los que en Él creyeren: «Verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho: por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará sobre sí las iniquidades de ellos» (Is 53.11 nrv).

El sentido de >awon abarca las dimensiones de pecado, juicio y «castigo» por el pecado. El Antiguo Testamento enseña que el perdón divino de nuestra «iniquidad» incluye el propio pecado, la culpa del pecado, el juicio de Dios sobre este pecado y el castigo divino por el pecado: «Bienaventurado el hombre a quien Jehová no atribuye iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño» (Sal 32.2 rva).

En la Septuaginta el vocablo tiene las siguientes acepciones: adikia («maldad; iniquidad»); hamartia («pecado; error») y anomia («sin ley; anarquía»). En las traducciones en castellano (sobre todo en las protestantes) el término «iniquidad» es bastante uniforme, aunque también se encuentra el vocablo «pecado» y términos más especializados como «culpa», «delito», «maldad» y «falta» (particularmente en traducciones católicas).

<awen (÷w<,a;), «iniquidad; infortunio, desgracia». Este nombre se deriva de una raíz que significa «fuerte», y que se encuentra únicamente en las lenguas semíticas nordoccidentales. El término aparece unas 80 veces y casi exclusivamente en lenguaje profético-poético. Isaías se destaca por su uso del vocablo. La primera vez que se encuentra es en Nm 23.21: «Él no ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto maldad en Israel. Jehová su Dios está con él; en medio de él hay júbilo de rey» (rva).

La acepción «desgracia» o «infortunio» se pone de manifiesto en las maquinaciones de los malos en contra de los justos: «Si alguien viene a verme, habla mentira. Su corazón acumula iniquidad para sí, y saliendo afuera, lo divulga» (Sal 41.6 rva). <Awen en este sentido es sinónimo de <eÆd, «desastre» (Job 18.12). En un sentido muy real <awen es parte de la existencia humana, y como tal el vocablo es idéntico a >amall, «trabajo», como en Sal 90.10: «Los días de nuestra vida son setenta años; y en los más robustos, ochenta años. La mayor parte de ellos es duro trabajo y vanidad; pronto pasan, y volamos» (rva).

<Awen, en un sentido más profundo, caracteriza el estilo de vida de los que no tienen a Dios: «Porque el vil habla vilezas; su corazón trama la iniquidad para practicar la impiedad y hablar perversidades contra Jehová, a fin de dejar vacía al alma hambrienta y privar de bebida al sediento» (Is 32.6 rva). El ser del hombre se ha corrompido por la «iniquidad». Aunque toda la humanidad está sujeta a <awen («trabajo, afán»), hay quienes se deleitan en causar dificultades y «desgracias» para otros, tramando, mintiendo y comportándose engañosamente. El salmista describe la iniquidad como estilo de vida de la siguiente manera: «He aquí que gesta maldad, concibe afanes y da a luz mentira» (Sal 7.14 rva; cf. Job 15.35).

Aquellos que participan en las obras de las tinieblas son «obreros de iniquidad», hacedores de maldad o causantes de «desgracia» y desastre. <Awen tiene sinónimos que comunican este sentido: ra>, «maldad», y rasha>, «malos» (antónimos de «rectitud» y «justicia»). Ellos buscan la perdición de los justos (Sal 141.9). Entre Sal 5.5 y 141.9 el número de alusiones a «los que obran iniquidad» llega a 16 (cf. «Los insensatos no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad», Sal 5.5). En el contexto de este pasaje, el mal del que se habla es mentira, derramamiento de sangre y engaño (v. 6). El aspecto calificativo de «iniquidad» llega a su máxima expresión en los verbos que acompañan a <awen. Los malos obran, hablan, engendran, piensan, conciben, recogen, cosechan y aran <awen. La «iniquidad» se manifiesta en la «desgracia» e «infortunio» que sobreviene a los justos. A la larga, cuando las fiestas religiosas de Israel (Is 1.13) y sus leyes (Is 10.1) se vieron afectadas por su estilo de vida apóstata, acabaron actuando y viviendo como los gentiles. La esperanza profética se afianzó en el período posterior a la purificación de Israel, cuando el reino mesiánico traería una era de justicia y rectitud (Is 32) y la vanidad e impiedad de los malos se pondría de manifiesto.

La Septuaginta tiene varias traducciones: anomia («sin ley»); kopos («trabajo; obra; afán»); mataios («vacío; estéril; vano; impotente»); poneria («maldad; malicia; injusticia»); y adikia («impiedad; maldad; injusticia»). Las revisiones de la rv favorecen las siguientes traducciones: «iniquidad; vanidad; impiedad».

 

Inmundo

Verbo

tame< (amef;), «estar/ser inmundo». Esta raíz se limita al hebreo, arameo y arábigo. El verbo aparece 160 veces en hebreo bíblico y principalmente en Levítico, por ejemplo en Lv 11.26: «Todo animal que tiene pezuñas no partidas, que no las tiene hendidas en mitades, o que no rumia, os será inmundo. Todo el que los toque quedará impuro» (rva). Tame< es lo contrario de taher, «estar/ser puro».

 Nombre

tum<ah (ha;m]fu), «inmundicia». El nombre tum<ah, que se deriva de tame<, aparece 37 veces en hebreo bíblico. El termino lo encontramos en Nm 5.19: «Y el sacerdote la conjurará y le dirá: Si ninguno ha dormido contigo, y si no te has apartado de tu marido a inmundicia, libre seas de estas aguas amargas que traen maldición» (rva). Aquí la palabra se refiere a impureza sexual. Tum<ah se encuentra dos veces en Lv 16.16 y se refiere a «inmundicia» moral y religiosa.

Adjetivo

tame< (amef;), «inmundo». El adjetivo aparece 89 veces en el Antiguo Testamento, sobre todo en Levítico, donde se encuentra el primer ejemplo: «El que haya tocado cualquier cosa inmunda, sea el cadáver de un animal inmundo no doméstico, o el cadáver de un animal doméstico inmundo, o el cadáver de un reptil inmundo, aunque no se haya dado cuenta de ello, será impuro y culpable» (Lv 5.2 rva).

El uso de tame< en el Antiguo Testamento se asemeja al de tahoÆr, «puro». En primer lugar, «inmundo» es una condición del ser, por lo que el leproso tenía que anunciar su inmundicia a dondequiera que fuese (Lv 13.45). Al mismo tiempo, esta condición tenía matices religiosos ya que su inmundicia era ritual, por lo que se puede concluir que este segundo uso del vocablo es el más fundamental. En el sentido cúltico-religioso, tame< es un término técnico que denota el estado de ser ceremonialmente deficiente. Los animales y cadáveres, las personas y los objetos inmundos contaminaban con su impureza a quienes los tocaran: «Todo lo que el impuro toque será inmundo. Y la persona que lo toque quedará impura hasta el anochecer» (Nm 19.22 rva). El flujo de semen (Lv 15.2) y la menstruación (Lv 15.25) también causaban impurezas; y todo lo que una persona impura tocase se tornaba también impura.

Las traducciones en la Septuaginta son: akathartos («impuro; inmundo») y miaino («mancha, impureza»).

 

Inocente, Sin Culpa

 Verbo

naqah (hq;n:), «ser puro, inocente». Este verbo significa «inocente» únicamente en hebreo. En arameo y arábigo tiene la acepción de estar «limpio». El verbo se encuentra 44 veces en el Antiguo Testamento. Isaías describe el futuro de Israel en términos de una ciudad vacía («depurada de su población»): «Sus puertas lamentarán y se enlutarán; y abandonada, ella se sentará en tierra» (Is 3.26 rva). Desde una perspectiva más positiva, una tierra puede también ser «limpiada» de ladrones: «Todo aquel que roba … será excluido … y todo el que jura en vano … será excluido» (Zac 5.3).

El verbo se usa más a menudo con la acepción de «libre» (con la preposición mim). Esto aparece por primera vez en Gn 24.8 y es un buen ejemplo de este uso. Abraham ordenó a su siervo que buscara una esposa para Isaac. El siervo prometió cumplir su misión; sin embargo, si no tenía éxito, es decir, en el caso de que la mujer no quisiera hacer el largo viaje de regreso con él, Abraham lo libraría de su promesa: «Pero si la mujer no quiere venir contigo, tú quedarás libre de este juramento mío. Solamente que no hagas volver allá a mi hijo» (rva). Puede tratarse de ser «libre» de un juramento (cf. Gn 24.8, 41), de culpa (Nm 5.31) o de castigo (Éx 21.19; Nm 5.28). Las traducciones en este contexto son muy variadas.

El verbo naqah también aparece con la connotación de «inocencia». Primero, una persona puede ser declarada «inocente» o «absuelta». David oró: «Preserva a tu siervo de la insolencia … así quedaré libre e inocente de grave pecado» (Sal 19.13 nbe; «absuelto» lba; «limpio» rva; «libre» nrv, nvi). Por otro lado, el pecador no es «absuelto» por Dios: «Temeroso estoy de todos mis dolores, sé que tú no me absolverás» (Job 9.28 lba; «no me tendrás por inocente» rvr). El castigo de la persona que «no es absuelta» se expresa con el verbo naqah en negativo: «No dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano» (Éx 20.7 rvr; «no dejará sin castigo» bj). «Te castigaré con justicia. De ninguna manera te daré por inocente» (Jer 30.11 rva). La suerte de los malvados es el juicio de Dios. «El malvado no quedará sin castigo, mas la descendencia de los justos será librada [malat]» (Pr 11.21 lba; «impune» rva, nvi).

En la Septuaginta el verbo generalmente se traduce como athos («ser inocente, estar sin culpa»). Sin embargo, la gama de significados del hebreo es más amplia. Se extiende desde «vaciar [limpiar]» hasta la jerga legal de «absolución». En las versiones en castellano (como en las versiones en inglés) no hay uniformidad de traducción.

 Adjetivo

naqéÆ (yqin:), «inocente». Este adjetivo aparece 43 veces en el Antiguo Testamento. Un ejemplo está en Sal 15.5 que dice acerca del hombre justo: «Ni contra el inocente acepta soborno» (rva).

 

Instrucción

Nombre

muÆsar (rs;Wm), «instrucción; castigo; advertencia». Este nombre aparece 50 veces, la mayoría en Proverbios. Aparece por primera vez en Dt 11.2: «Y comprended hoy, porque no hablo con vuestros hijos que no han sabido ni visto el castigo de Jehová vuestro Dios, su grandeza, su mano poderosa, y su brazo extendido».

Uno de los propósitos principales de la literatura sapiencial era enseñar sabiduría y muÆsar (Pr 1.2). MuÆsar es disciplina y algo más. Como «disciplina» enseña a vivir correctamente en el temor del Señor, para que el sabio aprenda la lección antes de que lo tienten y pongan a prueba: «Cuando lo vi, reflexioné sobre ello; miré, y recibí instrucción» (Pr 24.32 lba). Se trata de una disciplina para toda la vida; de ahí la importancia de prestar atención a muÆsar: El Antiguo Testamento se vale de muchos verbos para subrayar la necesidad de una respuesta adecuada: «oír, obedecer, amar, recibir, obtener, captar, defender, guardar». Asimismo, el rechazo de la instrucción queda evidente mediante diversos términos relacionados con muÆsar: «rechazar, odiar, obviar, no amar, detestar, abandonar». Cuando muÆsar se imparte como «instrucción», pero no se observa, el muÆsar del «castigo» o de la «disciplina» pueden ser el paso siguiente: «La necedad es parte del corazón juvenil, pero la vara de la disciplina la corrige» (Pr 22.15 nvi).

Prestar atención cuidadosa a la instrucción trae honra (Pr 1.9), vida (Pr 4.13) y sabiduría (Pr 8.33), pero sobre todo agrada a Dios: «Porque el que me halla, halla la vida y obtiene el favor de Jehová» (Pr 8.35 rva). No observar la «instrucción» acarrea sus debidos resultados: muerte (Pr 5.23), pobreza y vergüenza (Pr 13.18); a la larga, esto indica un menosprecio a la propia vida (Pr 15.32).

La receptividad a la «instrucción» de padres, maestros, sabios o rey está directamente relacionada con someterse a la disciplina divina. Los profetas acusaron a Israel de no recibir la disciplina de Dios: «Oh Jehová, ¿no buscan tus ojos la fidelidad? Tú los azotaste, y no les dolió; los consumiste, pero rehusaron recibir corrección. Endurecieron sus caras más que la piedra y rehusaron volver» (Jer 5.3). Jeremías exhorta a los hombres de Judá y a los habitantes de la ciudad asediada de Jerusalén a prestar atención a lo que estaba aconteciendo en derredor suyo y que se sometieran a la «instrucción» del Señor (35.13). Isaías predice que el castigo de Dios hacia los hombres lo llevaba el Siervo Sufriente, trayendo paz para quienes creyeran en Él: «Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él; y por su llaga fuimos nosotros curados» (Is 53.5).

La Septuaginta tiene la traducción paideia («educación; capacitación; instrucción»). Este término griego es la base de nuestra palabra pedagog#233;?a, o sea, «educación del niño».

 Verbo

yasar (rs'y:), «disciplinar». Este verbo se encuentra en hebreo y ugarítico con la acepción de «disciplinar». La raíz no se halla fuera de estas lenguas. El vocablo aparece 42 veces en el Antiguo Testamento; cf. Pr 19.18: «Corrige a tu hijo mientras aún pueda ser corregido, pero no vayas a matarlo a causa del castigo» (bvp).

Ira, Enojo

Nombre

jemah (hm;je) «ira; calor; furia, rabia; cólera, enojo». Este nombre se encuentra en las lenguas semíticas con acepciones como «calor, ira, ponzoña, veneno». El nombre y también el verbo yajam denotan un alto grado de emotividad. El nombre se usa 120 veces, por lo general en la literatura poética y profética, particularmente en Ezequiel.

El primer uso de jemah acontece en la historia de Esaú y Jacob. Este recibe el mensaje de viajar a Harán con la esperanza que la «ira» de Esaú se disipara: «Y mora con él algunos días, hasta que el enojo de tu hermano se mitigue» (Gn 27.44).

El término indica un estado de «ira». La mayoría de los usos involucra la «ira» de Dios. Su «ira» se dirige hacia el pecado de Israel en el desierto: «Porque temí a causa del furor y de la ira con que Jehová estaba enojado contra vosotros para destruiros» (Dt 9.19). El salmista ruega por la misericordia de Dios en la hora de su «ira»: «Jehová, no me reprendas en tu furor, ni me castigues con tu ira» (Sal 6.1). La «ira» de Dios contra Israel finalmente se manifestó en el cautiverio de los judíos a Babilonia: «Cumplió Jehová su enojo, derramó el ardor de su ira; y encendió en Sion fuego que consumió hasta sus cimientos» (Lm 4.11).

La metáfora «cáliz» denota el juicio de Dios sobre su pueblo. Su «ira» se derrama: «Derramó sobre él el ardor de su ira y la violencia de la batalla; le prendió fuego por todos lados, pero él no se dio cuenta; lo consumió, pero él no hizo caso» (Is 42.25 lba). El «cáliz de su ira» se tiene que beber: «¡Despierta! ¡Despierta! Levántate, oh Jerusalén, que de la mano de Jehová bebiste la copa de su furor y que bebiste hasta la última gota de la copa del vértigo» (Is 51.17 rva).

De esta manera, Dios el Señor Todopoderoso se enoja por los pecados y el orgullo de su pueblo porque son un insulto a su santidad. En un sentido derivado también se dice que los reyes de la tierra están airados, pero su «ira» surge de circunstancias sobre las que no tienen control. Naamán se enojó con el consejo de Elías (2 R 5.11–12; en paralelo con qatsap); Asuero se enfureció cuando Vasti rehusó mostrar su belleza delante de sus hombres (Est 1.12; en paralelo con qatsap).

Jemah también denota la reacción de los seres humanos ante circunstancias cotidianas. La «ira» del hombre es una manifestación peligrosa de su estado emocional porque inflama a todos los que se acercan al enfurecido. La «ira» puede surgir por varias razones. Proverbios establece en términos muy enfáticos la relación entre jemah y los celos (6.34); cf. «Cruel es la ira e impetuoso el furor; pero, ¿quién podrá mantenerse en pie delante de los celos?» (Pr 27.4 rva; «enfrentarse a la envidia» nvi; cf. Ez 16.38). A una persona furibunda se le puede culpar de un crimen y condenarla: «Temed la espada por vosotros mismos, porque el furor trae el castigo de la espada para que sepáis que hay juicio» (lba). La respuesta sabia a la «ira» es una respuesta suave: «La blanda respuesta quita la ira: Mas la palabra áspera hace subir el furor» (Pr 15.1).

Jemah está asociado con qin<ah, «celos», y también con naqam, «venganza», pues la persona airada se propone salvaguardar su honor o vengarse con la persona que le provocó. En su tratamiento con Israel, Dios siente celo por su santo nombre, por lo que tiene que enfrentar con justicia la idolatría de Israel vengándose: «Para hacer que mi ira suba y tome venganza, he puesto su sangre sobre la roca desnuda, para que no sea cubierta» (Ez 24.8 rva). Sin embargo, también se venga de los enemigos de su pueblo: «¡Dios celoso y vengador es Jehová! Vengador es Jehová, y está indignado. Jehová se venga de sus adversarios y guarda su enojo contra sus enemigos» (Nah 1.2). Otros sinónimos de jemah son <ap, «enojo» y qetsep, «ira», como en Dt 29.27 y Jer 21.5.

Hay dos acepciones especiales de jemah. Una es «calor» como en: «Yo iba con amargura y con mi espíritu enardecido, pero la mano de Jehová era fuerte sobre mí» (Ez 3.14 rva). El otro es «ponzoña» o «veneno», como en Dt 32.33: «Veneno de serpientes es su vino, y ponzoña cruel de áspides» (rva).

En la Septuaginta encontramos las siguientes traducciones: orge («enojo; indignación; ira») y thumos («pasión; enojo; furia»). qetsep (¹x,q,), «ira». Este nombre aparece 28 veces en el hebreo de la Biblia con referencia particular a Dios. Un caso de la «ira» divina se encuentra en 2 Cr 29.8: «Por tanto, la ira de Jehová ha venido sobre Judá y Jerusalén». En Est 1.18 encontramos un ejemplo de «ira» humana: «Y entonces dirán esto las señoras de Persia y de Media que oigan el hecho de la reina, a todos los príncipes del rey; y habrá mucho menosprecio y enojo» (cf. Ec 5.17).

jaroÆn (÷/rj;), «ira ardiente». Los 41 casos de este vocablo abarcan todos los períodos bíblicos. El término se refiere exclusivamente a la «ira ardiente» de Dios. JaroÆn se encuentra por primera vez en Éx 32.12: «Desiste del ardor de tu ira [jaroÆn] y cambia de parecer en cuanto a hacer mal a tu pueblo» (rva).

 Verbo

jarah (hr;j;), «airarse, estar airado». Este verbo aparece 92 veces en la Biblia. En su radical básico, el vocablo quiere decir «arder de ira» o enojo como en Jon 4.1. En el radical causativo, jarah significa «fervor para el trabajo» o sea «tener celo para la obra» (Neh 3.20).

qatsap (¹x'q;), «enojarse, airarse, enfurecerse». Este verbo aparece 34 veces, con mayor frecuencia en el Pentateuco y en los profetas, y unas cuantas veces en los libros históricos y en la literatura poética. El término se usa en hebreo rabínico, pero se ha desplazado por otros verbos en el hebreo moderno. Es una antigua palabra cananea; una glosa en las tablillas de El Amarna tiene el significado de «preocuparse» y también de «sentirse amargado». La relación del vocablo con el término arábigo qasafa es discutible.

En general, qatsap expresa una fuerte explosión emocional de ira, en particular cuando el sujeto es un varón. Esto queda claro desde el primer caso en que se menciona: «Y se enojó Faraón contra sus dos oficiales … y los puso en prisión» (Gn 40.2–3; cf. 41.10). Moisés se enfureció con los israelitas desobedientes (Éx 16.20). Los líderes filisteos «se enojaron» contra Aquis (1 S 29.4), Naamán «se fue enojado» por la falta de respeto de Eliseo (2 R 5.11; en paralelo con jemah). y este profeta se airó contra Joás, rey de Israel (2 R 13.19). Asuero «se enojó mucho» y «su ira se encendió» contra Vasti su mujer y la destituyó (Est 1.12; en paralelo con jemah). En todos estos ejemplos, una persona encumbrada (generalmente un rey) expresa su ira con medidas radicales en contra de sus subordinados. Su posición le permite «airarse» ante la respuesta de sus súbditos. No es usual en el Antiguo Testamento que una persona se enoje con otro de igual a igual. Es menos frecuente aun que un súbdito se enfurezca contra alguien superior: «Se enojaron [«estaban irritados» bj; «descontentos» nbe] … dos eunucos del rey … y procuraban poner mano en el rey Asuero» (Est 2.21 rvr).

El nombre derivado de qatsap se refiere en particular a la ira de Dios. El verbo qatsap se usa 11 veces para describir la ira humana y 18 la ira de Dios. Esto, junto con lo anterior, que el verbo se expresa generalmente desde un gobernante hacia sus súbditos, explica por qué el texto bíblico usa más a menudo qatsap para describir la ira de Dios. El objeto de la ira se indica a menudo por la preposición >al («contra»). «Porque tenía mucho miedo de la ira [<ap] y del furor [jemah] que irritaba [qatsap] a Yahveh contra [>al] vosotros hasta querer destruiros» (Dt 9.19 bj). La ira de Dios se expresa en contra de la desobediencia (Lv 10.6) y el pecado (Ec 5.5ss). El pueblo mismo puede ser también objeto de la ira de Dios (Sal 106.32). Los israelitas provocaron la ira de Dios en el desierto por su desobediencia y falta de fe: «Acuérdate, no olvides que has provocado la ira de Jehová tu Dios en el desierto; desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová» (Dt 9.7; cf. vv. 8, 22). Moisés habla de la ira de Dios en contra de la desobediencia de Israel que finalmente causaría el cautiverio (Dt 29.27), y los profetas amplían la amonestación de Moisés advirtiendo acerca del «furor y enojo e ira grande» que vendría (Jer 21.5). Después del cautiverio, Dios tuvo compasión de Israel y volcó su ira sobre los enemigos de Israel (Is 34.2).

En la versión griega encontramos las siguientes traducciones: orgizomai («estar enojado» o «airado») y lupew (forma verbal de «afligido, adolorido, triste»).

yajam (µj'y:), «arder, enardecerse». Este verbo, que aparece únicamente 10 veces en hebreo bíblico, es la raíz del nombre jemah.

En Dt 19.6 yajam significa «enardecer»: «No sea que cuando su corazón arda en ira, el vengador de la sangre persiga al homicida, le alcance por ser largo el camino» (rva).

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