Biografías de personas de la biblia, personajes Biblicos

 

 

Biografias de personajes bíblicos

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Biografias de personajes bíblicos

Biografias de personajes bíblicos

NAAMA

Significado = «agradable».

(a) Hija de Lamec (Gn. 4:19-22).

(b) Esposa amonita de Salomón y madre de Roboam (1 R. 14:21, 31).


NAAMÁN. cuyo nombre significa "agradable", vivió en el siglo noveno A.C. Fue jefe militar encargado del ejército de su    soberano (Ben‑hadad) y muy respetado por sus compatriotas. Cosa extraña es que un leproso ocupara tan elevada posición, pero tal fue el caso de Naamán. La sierva de su esposa, que era israelita, le informó que en su tierra había un autor de milagros que podía curarlo. Naamán finalmente halló a Eliseo, quien le mandó bañarse siete veces en el río Jordán (2 Reyes 5:10). Aquel hombre orgulloso tardó algo en cumplir las instrucciones   de Elíseo, pero cuando lo hizo, sanó (2 Reyes 5:14). Naamán era un hombre sincero y agradecido, y procuró abrumar de regalos al profeta. Reconoció el poder del Dios de Eliseo y lo tomó por Señor suyo. 


NAAS

Significado = «serpiente».

(a) Tío de David (2 S.17:25 y 1 Cr. 2:16).

(b) Cruel y poderoso rey de los amonitas (1 S. 11:1-11). Este Naas o su hijo trató a David amistosamente (2 S. 10:2; 17:27).


NAASÓN

Significado = «hechicero».

Jefe de la tribu de Judá en el desierto (Nm. 2:3), cuñado de Aarón (Éx. 6:23) y abuelo de Booz, esposo de Rut (Rt. 4:20-22). Fue, por lo tanto, uno de los antepasados de Cristo (Mt. 1:4).


NABAL

Significa = «necio, insensato».

Rico propietario de ganado menor; vivía en la ciudad de Maón, pero sus rebaños pastaban por los alrededores de la ciudad del Carmelo, en las lindes del desierto de Judá. Su esposa se llamaba Abigail. David y sus hombres, durante la época en que Saúl los perseguía, permanecían en este lugar, y protegían los bienes de los habitantes contra las bandas de merodeadores. Cuando Nabal se dedicó al esquileo de sus ovejas, fueron diez jóvenes a pedirle, en nombre de David, una cantidad de alimento que él mismo quisiera darles de buena voluntad. El insensato rehusó la petición de una manera insolente y grosera. David, enfurecido, se puso en marcha contra él acompañado de 400 de los suyos. Abigail, inteligente y avisada del peligro, se apresuró a llevar los víveres a David y consiguió, con prudentes palabras, impedir que se hiciera la justicia por su mano. Al volver, Abigail encontró a Nabal totalmente ebrio tras un banquete. Al día siguiente por la mañana, cuando hubo dormido su borrachera, le reveló de qué peligro se había librado. Presa de un ataque al conocer estos hechos, murió diez días más tarde. David se casó con la viuda (1 S. 25:1-42).


NABOT

= «frutos» o «eminencia».

Un israelita de Jezreel que rehusó vender la viña de sus antepasados a Acab, el rey idólatra de Israel (Lv. 25:23, 24), y fue, por ese motivo, asesinado haciéndosele el cargo falso de blasfemia, lo cual fue maquinado por Jezabel, la reina. Acab tomó la viña codiciada, tal vez por haber sido legalmente confiscada por el gobierno, considerándose la blasfemia como traición, o quizá porque los herederos, a causa de que sus hijos habían perecido con él, se abstuvieron de hacer valer sus derechos, por temor a los ardides poco escrupulosos de Jezabel. Elías, sin embargo, tuvo el valor de amenazar al rey y a la reina con la venganza de «Uno más alto que ellos» (1 R. 21:2; 2 R. 9:24-26, 36; Ec. 5:8).


NABUCODONOSOR

(ac. «Nabu-kudurri-usur»: «¡Que Nebo defienda las fronteras!»).

Otra posible transcripción es Nabucodorosor. Hijo de Nabopolasar y rey de Babilonia. Su padre dirigió, con éxito, una rebelión de los caldeos contra Asiria, y fundó (en el año 625 a.C.) el Nuevo Imperio Babilónico. Los Uman-mandá, aliados de Nabopolasar, se apoderaron de Nínive, la capital de Asiria, en el año 612. Los nuevos dominadores de los territorios asirios tuvieron en jaque, desde entonces, el poderío de Egipto. El faraón Necao II, entronizado en el año 609 a.C., invadió Palestina (2 R. 23:9; 2 Cr. 35:20), derrotando a Josías, rey de Judá, que se le quiso oponer, y dándole muerte en la batalla de Meguido (en el año 608). Necao volvió de Egipto poco después con un gran ejército, con el fin de extender sus dominios más allá del Éufrates. Nabopolasar envió a su hijo, Nabucodonosor, a enfrentarse con los egipcios, que fueron aplastados (en el año 605 a.C.) en la batalla de Carquemis. Nabucodonosor los rechazó hasta Egipto, y sometió a los países que fue atravesando (2 R. 24:7; Jer. 46:2), desde el Éufrates hasta el río de Egipto. Al enterarse de la muerte de su padre, dejó a sus generales para que terminaran la guerra en el oeste, y se apresuró a llegar a Babilonia, donde fue hecho rey en el año 605 a.C. (Contra Apión, 1:9).

Los escritores del AT, especialmente Jeremías y Ezequiel, contemporáneos suyos, mencionan a Nabucodonosor. El libro de Ezequiel da importantes enseñanzas acerca de su reinado. Las inscripciones en ladrillos, y los testimonios del historiador babilonio Beroso, sacerdote que vivió en el siglo III a.C., completan el cuadro documental. Después de haber estado pagando tributo a Nabucodonosor durante tres años, Judá se rebeló contra él (2 R. 24:1). El rey de Babilonia volvió a la tierra de Judá, aplastó la revuelta, hizo encadenar al rey Joacim, ordenó deportar a Babilonia a su hijo Joaquín, el príncipe heredero, y estableció como regente a Sedequías, hermano de Joacim (2 Cr. 36:6, 10). (Véanse JOACIM, JOAQUÍN, SEDEQUÍAS). Durante ocho años, Sedequías se mantuvo sumiso, pero en el año noveno, contando con la promesa de un ejército egipcio, se rebeló (Jer. 37:5). En el año 586, Nabucodonosor tomó Jerusalén, quemó el Templo, deportando a todos los notables del país (2 R. 24:25; 2 Cr. 36:5-21; Jer. 39; 52). En esta época (586-573 a C) el rey de Babilonia asedió Tiro (Ez. 29:18; Contra Apión 1:21; Ant. 10:11, 1). En el año veintitrés de su reinado (582) combatió contra Coleosiria, Moab y Amón, deportando a muchos centenares de judíos (Jer. 52:30; Ant. 10:9, 7). En el año trigesimoséptimo de su reinado (alrededor del año 567), Nabucodonosor invadió Egipto (cfr. Ez. 29:19).

Es probable que Nabucodonosor emprendiera más expediciones, pero no se conocen documentos acerca de ello. Su política consistía en deportar a los vencidos, dispersándolos por las diversas regiones de su imperio. Disponiendo así de una numerosa mano de obra, efectuó obras importantes. De las inscripciones del mismo Nabucodonosor se aprecia que él atribuía más importancia a sus construcciones que a sus victorias militares, que quedan relegadas a un segundo plano. En la inscripción de la Casa de la India se hallan las siguientes palabras de Nabucodonosor: «Desde el tiempo en que Merodac me creó para la soberanía, en que Nebo su verdadero hijo me confió sus súbditos, amo como a la vida misma la erección de su morada; y ninguna ciudad más gloriosa he hecho que Babilonia y Borsipa» (col. VII, líneas 26-32). Entre otras de estas numerosas obras se pueden mencionar la gran muralla de Babilonia y el magnífico palacio real; restauró el gran templo de Marduk en Babilonia, el de Nebo en Borsipa, y un gran número de otros santuarios. Se dice que hizo los jardines colgantes de Babilonia para la reina Amitis, su esposa procedente de Media, que tenía añoranza en la llanura de Babilonia por las montañas de su país (Contra Apión 1:9; Ant. 10:11,1). Se dice que él construyó, cerca de Sipara, para la irrigación, un inmenso lago artificial que medía más de 225 Km. de perímetro y 55 m. de profundidad. Hizo una red de canales que cubrían todo el país, construyendo muelles y espigones en el golfo Pérsico. Todo ello coadyuvó a que el orgullo le dominara, por lo que fue castigado, cayendo víctima de licantropía (desorden mental en el que el afectado se imagina que es un animal). Nabucodonosor estuvo «siete tiempos» privado de la razón, comiendo hierba como un buey (Dn. 4). Después recobró la razón; habiendo reinado más de 43 años, murió el año 562 a.C. Le sucedió su hijo Evil-merodac.


NACOR

= «que jadea, que resopla».

(a) Hijo de Serug y abuelo de Abraham (Gn. 11:24, 25).

(b) Hijo de Taré y hermano de Abraham (Gn. 11:27). Se casó con Milca, su sobrina, hija de Harán (Gn. 11:29). No es mencionado entre los que abandonaron Ur de los caldeos con Taré, Abraham y Lot, pero se le encuentra más tarde en Harán, en Mesopotamia (Gn. 24:10; 27:43). Tuvo ocho hijos de Milca, que vinieron a ser los progenitores de las tribus arameas. Su concubina le dio cuatro hijos, de los que también surgieron otros pueblos (Gn. 22:21-24). Betuel, hijo de Nacor y de Milca, vino a ser el padre de Rebeca y de Labán (Gn. 24:15, 29).

Las tabletas de Mari, y los documentos más recientes en asirio medio, nombran con frecuencia la ciudad de Nacor (Gn. 24:10), llamada Nakhur (Najur). Estaba situada aproximadamente más al sur de Harán, en el valle de Balikh. En el siglo XIV a.C. era gobernada por príncipes amorreos (cfr. Courville, «The Exodus Problem and its Ramifications», vol. II, pág. 233 ss.).


NADAB

= «generoso»

(a) Primogénito de los cuatro hijos de Aarón (Éx. 6:23; Nm. 3:2; 26:60; 1 Cr. 6:3; 24:1). Nadab y Abiú tuvieron el privilegio de allegarse a Jehová sobre el Sinaí (Éx. 24:1); más tarde fueron consagrados al sacerdocio (Éx. 28:1). Sin embargo el Señor les dio muerte por ofrecer un fuego «extraño» ante Él que no había sido ordenado (Lv. 10:1-7; Nm. 26:61). Inmediatamente después de esta tragedia, Jehová dio a Aarón una ley que debía tener vigencia perpetua para todos los sacerdotes: la prohibición de beber vino, o cualquier otra bebida fermentada, antes de entrar en el santuario. Esta prohibición permite la deducción de que Nadab y Abiú estaban bajo la influencia del alcohol en el momento en que cometieron la profanación que les costó la vida (Lv. 10:9); los dos culpables no tenían hijos (Nm. 3:4; 1 Cr. 24:2).

(b) Varón de Judá, de la familia de Hezrón y de la casa de Jerameel (1 Cr. 2:25-28).

(c) Benjamita, hijo de Gabaón y de Maaca (1 Cr. 8:30; 9:36).

(d) Hijo de Jeroboam I y su sucesor en el trono de Israel. Nadab comenzó a reinar alrededor del año 910 a.C. y, al igual que su padre, practicó el culto al becerro de oro. Durante el asedio que Nadab hizo a Gibetón, Baasa le dio muerte, apoderándose después de la corona, y haciendo dar muerte a toda la descendencia de Jeroboam. Baasa fue el instrumento de juicio que Jehová había pasado sobre Jeroboam y su casa. El reinado de Nadab no llegó a durar dos años enteros (1 R. 14:10, 11, 20; 15:25, 30).


NAHUM.

Significa = «compasivo».

(a) Profeta nacido en Elcos, indudablemente un pueblo de Canaán. Nahum no se dirige a las diez tribus deportadas, sino a Judá (Nah. 1:15). Se halla entre los profetas menores, en séptima posición, después de Miqueas y antes de Habacuc y Sofonías, lo que constituye indicación de que este libro debe haber sido redactado entre el inicio del reinado de Ezequías y el final del de Josías (Mt. 1:1; Sof. 1:1). Nahum cita la destrucción de No-amón (Tebas) en Egipto (Nah. 3:8-10), destruida por los asirios en el año 663 a.C. Predijo la caída de Nínive (Nah. 3:7), que tuvo lugar en el año 612 a.C. Así, el libro tiene que ser situado entre estos dos acontecimientos. Kuenen sugiere que el sitio de Cyaxares ante Nínive, en el año 623, fue la ocasión de la emisión de la profecía. En esta época, los moradores de Judá se sentían desalentados a causa de las insistentes incursiones de los asirios.

(b) Antecesor de Cristo; nació algo menos de tres siglos antes que Él.


NARCISO

(Nombre lat. de origen gr.).

Un creyente romano. El apóstol Pablo hace saludar a los cristianos de su casa (Ro. 16:11).


NATAN.

Significa = «él (Dios) ha dado».

(a) Hijo de Atai y padre de Zabad, de la casa de Jerameel, de la familia de Hezrón, de la tribu de Judá (1 Cr. 2:36).

(b) Notable profeta que vivió en la época de David y de Salomón. David sometió a Natán el proyecto de construcción del Templo. El profeta dio su conformidad, pero Dios le ordenó que le hiciera saber al rey que no sería él quien tuviera el honor de erigir el edificio sagrado (2 S. 7:1-17; 1 Cr. 17:1-15). Más tarde Natán tuvo la misión de reprochar a David su adulterio y el asesinato de Urías heteo. Para convencer de pecado al rey, el profeta se sirvió de la parábola de la corderita (2 S. 12:1-15; cfr. Sal. 51:1, 2).

Siendo profeta, Natán dio a Salomón el nombre de Jedidías («bienamado de Jehová») (2 S. 12:25). Asistido por Natán y Gad, David organizó el servicio musical del santuario (2 Cr. 29:25). Adonías, deseoso de usurpar el trono, destinado a Salomón, no informó al profeta, dándose cuenta de que Natán era sumamente fiel a la voluntad de David (1 R. 1:8-10). El hombre de Dios aconsejó a Betsabé que diera inmediato aviso al rey, prometiéndole su ayuda. David dio entonces orden al sacerdote Sadoc, a Natán profeta y a Benaías, jefe de la guardia personal, que proclamaran rey a Salomón (1 R. 1:11-45). Natán escribió la historia del reino de David y consignó una parte de los actos de Salomón (1 Cr. 29:29; 2 Cr. 9:29). Su libro no nos ha llegado.

(c) Padre de uno de los valientes de David y hermano de otro héroe de este rey (2 S. 23:36; 1 Cr. 11:38). (Véase IGAL.)

(d) El tercero de los hijos de David que nacieron en Jerusalén (2 S. 5:14). Él, o quizás el profeta, fue padre de Azarías y de Zabud, funcionario de Salomón (1 R. 4:5). Su familia es mencionada en Zac. 12:12. Figura en la línea directa de David a Jesús (Lc. 3:31), en tanto que José, el esposo de María, desciende de David a través de Salomón (Mt. 1:6).

(e) Uno de los príncipes que Esdras convocó cerca del río Ahava (Esd. 8:16).

(f) Hijo de Bani; Esdras lo persuadió para que despidiera a su mujer extranjera (Esd. 10:39). 


NATANAEL

Significa = «Dios ha dado».

(a) Discípulo originario de Caná en Galilea. Jesús declaró que era un israelita sin engaño. Felipe le informó que Jesús era el Mesías anunciado por los profetas; le costó creer esto, por cuanto Nazaret no figuraba en las profecías del AT, y era además una ciudad de mala reputación. Pero sus dudas desaparecieron cuando constató el don de conocimiento sobrenatural que tenía Jesús (Jn. 1:45-51).

Natanael estaba en la barca con Simón Pedro durante la última pesca milagrosa (Jn. 21:2). Las listas de apóstoles de los Evangelios Sinópticos no contienen el nombre de Natanael, que era posiblemente Bartolomé.

(b) En el AT se mencionan once personas con este nombre, De ellos se pueden mencionar:

un príncipe de la tribu de Isacar durante la peregrinación en el desierto, Natanael hijo de Zuar (Nm. 1:8, etc.);

el hijo de Isaí y hermano de David (1 Cr. 2:14); y

un sacerdote en tiempos de Nehemías (Neh. 12:36). 


NABUCODONOSOR. Nabucodonosor, segundo rey de Babilonia, reinó de 605 a 562 A.C. Durante su reinado conquistó a Judá y llevó cautivos a los judíos. Construyó calles de baldosas, grandes muros, fosos, presas hidráulicas, templos de oro y cedro, y bellas estatuas de bronce. La más rara y hermosa creación arquitectónica de su reinado fueron los famosos jardines colgantes de Babilonia. Na­bucodonosor fue el rey que echó en el horno ardiente a Sadrac, Mesac y Abed‑nego por no adorar su ídolo. Cuando el fuego no los dañó, Nabucodonosor los honró a ellos y a su Dios (Daniel 3:28‑30). Tuvo extraños sueños que no podía comprender, y llamó a Daniel para que los interpretara. 


NEFTALÍ

Significa = «mi combate».

Sexto hijo de Jacob y segundo de Bilha, criada de Raquel. Raquel le puso Neftalí, porque había contendido en oración para que este hijo viniera al mundo (Gn. 30:8).


NEHEMÍAS.

Significa = «Jehová ha consolado».

(a) Uno de los príncipes que volvieron de Babilonia con Zorobabel (Esd. 2:2; Neh. 7:7).

(b) Hijo de Azbuc y gobernador de medio distrito de Bet-sur. Colaboró en la restauración de las murallas de Jerusalén (Neh. 3:16).

(c) Judío de la cautividad, hijo de Hacalías y autor del libro de Nehemías (Neh. 1:1). Como copero de Artajerjes Longimano, rey de Persia, le ofrecía el vino. Dándose cuenta el soberano de la tristeza de Nehemías, le preguntó su causa. Respondió él que Jerusalén, la ciudad de sus antepasados, yacía en ruinas. Nehemías pidió permiso para ir a reconstruir sus murallas (445 a.C.). El rey se lo permitió, y le concedió una escolta de jinetes y cartas de recomendación para los gobernadores de los diferentes distritos que debía cruzar, nombrándolo además gobernador de Judea, como lo había sido Zorobabel (Neh. 1:1-2:9; 5:14). Nehemías llegó a Jerusalén en el año vigésimo del reinado de Artajerjes (444 a.C.). Esdras, el sacerdote que había llegado de Babilonia hacía trece años con el fin de reconstruir el Templo, se hallaba en Jerusalén a la llegada de Nehemías. Este último hizo una ronda nocturna alrededor de las destruidas fortificaciones. Después anunció al pueblo su intención de reconstruirlas, pidiendo su ayuda. Los judíos asintieron, y cada notable entre ellos se dedicó a reconstruir un sector de las murallas (Neh. 3). Las tribus paganas vecinas se enojaron y se opusieron a este esfuerzo. Tres de sus jefes, Sanbalat horonita, Tobías amonita y Gesem el árabe se esforzaron en hacer detener la reconstrucción. Pero no lograron ni detener ni intimidar a Nehemías. Para impedir cualquier ataque, los constructores se dedicaron a trabajar con una sola mano, empuñando de continuo un arma en la otra (Neh. 2:10; 4-6). Se tardaron cincuenta y dos días en reconstruir las fortificaciones (Neh. 6:15), en el año 444 a.C., unos 70 años después de la reconstrucción del Templo. Nehemías se dedicó después a enseñar la Ley al pueblo (Neh. 8). Siguió un avivamiento de la fe, y todos los jefes religiosos y civiles pusieron sus sellos, junto con Nehemías, al pacto por el cual se comprometían a adorar a Jehová (Neh. 8:9; 10). Después de haber gobernado Judá durante 12 años, Nehemías volvió a Susa, en el año 433 o 432 a.C. Pidió entonces una nueva licencia (Neh. 13:6) y volvió a Jerusalén. Este gran reformador se esforzó en llevar a todos aquellos que habían firmado el compromiso a que observaran estrictamente la Ley de Moisés (Neh. 13:8-31). Josefo afirma que llegó a una edad avanzada (Ant. 11:5, 8). Nehemías parece haber tenido hasta su muerte el cargo de gobernador de Jerusalén. Bagohi, uno de sus sucesores, era gobernador de Jerusalén en el año 411 a.C. (Papiro de Elefantina). En cuanto a la relación de Nehemías con la formación del canon de las Escrituras, véase CANON. 


NER

= «lámpara».

(a) Benjamita, hijo de Abiel y padre de Abner (1 S. 14:51). Él, o Abner, era tío de Saúl (1 S. 14:50). Si Abner era tío de Saúl, Ner era abuelo de Saúl y el mismo que se menciona en el párrafo que sigue.

(b) Benjamita, hijo de Jehiel y padre, o ascendiente más alejado, de Cis, el padre de Saúl (1 Cr. 8:33; 9:35, 36).


NEREO

(lat. derivado del gr., designando «un dios del Mediterráneo»).

Cristiano de Roma. Pablo lo hace saludar (Ro. 16:15). Es posible que fuera hijo de Filólogo (Ro. 16:15).


NERÓN

Quinto emperador de Roma (Hch. 25:12; 26:32; Fil. 4:22). Hijo adoptivo de Claudio, accedió al trono haciendo envenenar a su medio hermano Británico. Nerón fue un hombre que en el inicio de su reinado se presentó de una manera moderada y prudente, pero que después reveló un carácter sanguinario y cruel. En el año décimo de su reinado, el 64 d.C., estalló el gran incendio de Roma, que destruyó casi completamente tres de los catorce distritos de la ciudad; se acusó al emperador de que él había sido quien había dado la orden de provocar el incendio. Para disculparse, Nerón acusó a los cristianos, condenando a gran número de ellos a suplicios atroces. La tradición señala que Pablo y Pedro estuvieron entre los mártires. Nerón es el «león» de 2 Ti. 4:17.

Abandonado por sus tropas y sabiéndose perdido, se quiso suicidar, pero, no consiguiéndolo, pidió a uno de sus defensores que lo rematara. Nerón murió en el año 68 d.C., en el año catorce de su reinado, y a los treinta y dos años de edad.


NICANOR

(gr.: «victorioso»).

Uno de los siete elegidos por la Iglesia de Jerusalén y encomendados por los apóstoles para cuidarse de las viudas y de los pobres judeo-cristianos de lengua griega (Hch. 6:5).


NICOLÁS

(gr.: «victorioso del pueblo»).

Prosélito de Antioquía, uno de los siete elegidos a petición de los apóstoles para cuidarse de las viudas y judeo-cristianos pobres de lengua griega (Hch. 6:5).


NICODEMO.

(gr. «victorioso con el pueblo»).

Fariseo, miembro del sanedrín.

Los milagros de Jesús lo convencieron de que el «nazareno» era un enviado de Dios. Nicodemo fue a encontrarse con Jesús de noche para no ser visto, o porque la hora le fuera favorable. Jesús le explicó qué es el «nuevo nacimiento»; le manifestó que Dios, en Su amor, había dado Su Hijo unigénito, con el fin de que todo aquel que crea en Él tenga la vida eterna (Jn. 3:1-21).

Cuando los miembros del sanedrín acusaron a Jesús de impostor, Nicodemo les pidió si la Ley les autorizaba a condenar a alguien antes de haberle escuchado (Jn. 7:50-52).

Finalmente, este doctor de la Ley contribuyó alrededor de cien libras romanas de una composición de mirra y de áloes para el embalsamamiento del cadáver de Jesús (Jn. 19:39). 


NIMROD

= «rebelde».

Hijo de Cus. Vigoroso cazador, monarca poderoso, que reinó en Babel, Erec, Acad y Calne, ciudades del país de Sinar (Gn. 10:8-10; Mi. 5:6). Sólo es conocido, aunque se ha intentado identificarlo con Gilgamés, héroe babilónico, de quien la leyenda y la épica han perpetuado la memoria. Pero no hay pruebas de que esta identificación sea correcta. Es posible que sea más plausible relacionar el Cus babilónico con el antiquísimo reino de la ciudad de Cis, fundado hacia el año 2.500 a.C., y de donde los reyes de Babilonia del tercer milenio tomaron su título de «reyes del mundo». La dinastía de Cis es la primera en la lista de las dinastías mesopotámicas establecidas inmediatamente después del diluvio; consta de veintitrés reyes (cfr. Jack Finegan: «Light from the Ancient Past», 1946, pág. 31; Thorkild Jacobsen, «The Sumerian King List, Assyriological Studies XI», Chicago, 1939). Por otra parte, la forma en que está asociado el nombre de Nimrod con el de otras ciudades de Mesopotamia parece dar testimonio de su antigua popularidad (p. ej.: Birs Nimrud; Tell Nimrud cerca de Bagdad; el monte Nimrud, la antigua Calah). El arte babilónico y asirio nos ha legado numerosas escenas de caza que concuerdan con la imagen que tenemos de Nimrod en Génesis como vigoroso cazador.


NINFAS

(gr.: «consagrado a Nymphas»).

Cristiano o cristiana de Laodicea o de Colosas, a quien Pablo manda saludos (Col. 4:15).


  • Noadías

Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat, conforme a estas cosas que hicieron; también acuérdate de Noadías profetisa, y de los otros profetas que procuraron infundirme miedo (Nehemías 6: 14).

Lease: Nehemías 6

Noadías se nos presenta en contraste con Hulda. Las dos son profetisas: la diferencia es que Hulda inspiró la reforma que se realizó en tiempo de Josías, y Noadías contribuyó a obstaculizar la que se realizó en tiempo de Nehemías. Hulda era un profetisa auténtica, Noadías era falsa. Hulda hablaba inspirada por el Espíritu; en el caso de Noadías lo que decía era un mero producto de su imaginación.

Los profetas y profetisas recibían su inspiración de Dios, pero estaban además sometidos a su temperamento natural, a su disposición y al efecto de su propia formación voluntaria y personal. Sabemos, por ejemplo, que había escuelas de profetas y que la música ocupaba una parte importante en ellas.

Este aspecto mediato de Ia profecía (en oposición al inmediato o divino) daba por resultado la aparición de profetas falsos. Eran hombres y mujeres que eran por naturaleza excitables, entraban en estados de fervor exacerbado, y que iban por el país, con este estado de ánimo, imitando las palabras de Dios. Aun hoy vemos conversiones de este tipo, llenas de éxtasis y frenesí, en que todo es entusiasmo, espuma que es el mero producto subjetivo o una exacerbación aguda de la imaginación.

Hemos de considerar a Noadías como una mujer de este tipo. Pero, esta característica la hacía una mujer peligrosa. Esta mujer pseudo piadosa y nerviosamente excitable producía gran impresión por su pasión y celo, por su sinceridad. Las masas eran arrastradas a creer que ofrecía una revelación divina. Cuando ayudaba con sus exhortaciones a los aviesos planes de Tobías y Sanbalat, para estorbar la reforma de Nehemías, su palabra era efectiva.

La situación, en lo esencial, puede reducirse a lo siguiente. Este era el razonamiento, podemos suponer, de Noadías: «El Templo está en ruinas y los muros de Jerusalén destruidos. Es necesario instituir una reforma y esto es lo que intenta Nehemías. Pero la voluntad de Dios es hacerla a su debido tiempo no ahora. Ahora quiere que pasemos un periodo de humillación y disciplina, pues ésta es la maldición y castigo de Dios. Hemos, pues, de aceptar esta carga de Dios contentos y de buena voluntad, pues es el resultado de nuestros pecados. La reforma inmediata son meros esfuerzos humanos, no los planes divinos. Dios estorbará estos esfuerzos y Nehemías caerá a cuchillo si prosigue con su orgullosa reforma.»

Esto parecía a muchos un lenguaje piadoso. «Apartaos de los esfuerzos humanos, son el fruto del orgullo. Dios hará su reforma, ésta es Ia que necesitamos, no la de los hombres.»

Nehemías no hizo caso alguno de sus admoniciones. A un profeta de Baal se le habría opuesto por Ia espada. Pero esta falsa charla pseudo piadosa eran causa de desánimo para el pueblo, e incluso socavaba probablemente su propio ánimo. No entro en controversias con Noadías. Procuro evitar las asechanzas y lazos de Tobías y Sanbalat, y oro contra todos ellos: «Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat...»

La oración fue contestada. El muro terminado. La reforma fue llevada a su cabo. En toda reforma hay en la Iglesia almas pseudo místicas que se oponen a su progreso. Las había en abundancia en la Reforma del siglo XIV, que obstaculizaban la labor de los héroes de la fe de entonces. Las hay incluso ahora. El arma más efectiva contra todos ellos es la oración.


NOÉ. Noé, el predicador de justicia, se menciona en nueve libros de la Biblia (Génesis, 1 Crónicas, Isaías, Ezequiel, Mateo, Lucas, Hebreos, 1 y 2 Pedro). Su historia completa se narra en Génesis 5‑10. Noé fue descendiente de Adán por línea de Set, hijo de Lamec, y fue padre de Cam, Sem y lafet. La época en que Noé vivió fue de indiferencia religiosa y desafío a Dios. Se re­cuerda a Noé especialmente en relación con el diluvio. Tenía 480 años de edad cuando Dios le ordenó construir un arca en que él, su familia y cada especie de animales limpios e inmundos estuvieran a salvo de las aguas destructoras de cuarenta días de lluvia. Noé, su familia y los animales entraron en el arca 120 años después. Llegó el diluvio y la tierra fue cubierta por el agua. Cuando un año más tarde bajaron las aguas, el arca reposó sobre el monte Ararat. Noé envió un cuervo y una paloma para saber si el agua había bajado lo suficiente. La segunda vez la paloma no regresó, y Noé supo que la tierra estaba seca. Un mes más tarde, él y su familia y los animales salieron del arca, Noé ofreció sacrificios quemados sobre un altar. Dios dio el arco iris como símbolo de su promesa de no volver a destruir la tierra mediante agua. Noé vivió 350 años después del diluvio y murió a la edad de 950 años.


  • Noemí

"Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara, porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso" (Rut 1:20).

LEASE: RUT 1

Noemí significa «placentera». Comparada con varias de las mujeres anteriores, Noemí se nos presenta como amistosa y amable. Está relacionada con la genealogía de Cristo, indirectamente, una de las mujeres con rasgos nobles. La nobleza de sus rasgos da lugar inmediatamente a nuestra sincera simpatía, especialmente si añadimos el hecho de sus sufrimientos.

Casada con Elimelec, huyó con su marido de un hambre en su tierra, Belén, y fueron a parar a Moab. Por la historia vemos que su corazón siguió apegado a los suyos y a Belén. Su esposo murió en Moab, en el exilio, y ella se quedó con sus dos hijos, Mahlón y Quelión. Los dos se casaron con mujeres moabitas. Pero el Señor le quitó a sus dos hijos, ya casados, además de haber quedado viuda. Sólo le quedaban las dos nueras, y éstas no eran de su pueblo ni servían a su Dios.

Reducida a la extrema pobreza Noemí decidió regresar a Belén, tanto más que había oído que en Belén el pan era ahora abundante. Salió de Moab acompañada de sus dos nueras.

Era ya, prácticamente una mujer de edad avanzada.

El camino tuvo que serle penoso en gran manera, pero al fin volvió a ver su amada Belén, la ciudad de su felicidad infantil. Podemos imaginarnos el interés con que los habitantes de la ciudad observaron a Noemí y la companía que llevaba consigo, una de las nueras. Se nos dice que «toda la ciudad se conmovió por causa de ellas; y decían: "¿No es ésta Noemí?".» Con lágrimas en los ojos la anciana contestó: «No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara, porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso.»

Pero Noemí no había regresado sola como dijimos. Una de las nueras había decidido acompañarla, a pesar de que Noemí había intentado disuadirla. Noemí se nos dice que había despedido a las dos: «Volveos cada una a la casa de vuestra madre.» Noemí supondría que las dos habían seguido orando a los dioses de Moab. Dos veces consecutivas les suplicó que la abandonaran. Finalmente, Orfa besó a su suegra y regresó a los suyos. Rut, empero, se negó a abandonarla. «Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios», fue la respuesta decidida de Rut. Moab descendía de Lot, y por tanto de Abraham. Es posible que hubiera permanecido un remanente fiel a Dios en Moab y que, sin saberlo Noemí, Rut hubiera estado en contacto con ellos. El Señor, en todo caso, se acercó a su alma con su gracia omnipotente. Lo que sabemos de cierto, pues, es que Rut decidió abandonar a los dioses de Moab y ser fiel al Dios de Israel. Por ello, tenía muy poco sentido para ella quedarse en Moab y prefirió ir con su suegra.

Noemí era pobre y se sostenían las dos de las espigas que Rut recogía en los campos yendo en pos de los segadores. Los planes que hizo Noemí para Rut son distintos de los planes a que nosotros estamos acostumbrados, pero seguían las costumbres de aquellos tiempos en Belén.

Las palabras de Noemí muestran ternura y consideración para su nuera. Noemí venció su amargura y volvió a ser amable y cariñosa como había sido antes. Dios honró a esta mujer abandonada de modo excepcional. Además de incluirla en el relato de las Sagradas Escrituras, y de proporcionarle la simpatía de la Iglesia de todos los tiempos. Permitió que su sangre se mezclara con la del Hijo de Dios en el curso de las generaciones.


 

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